
Recuerdo como su mirada me volteó.
Pero dos que se quieren, se dicen cualquier cosa.
[...]
Pero a los ciegos no les gustan los sordos.
Y un corazón no se endurece por que sí.
No calentás la misma cama por dos noches
me reclamaba y no la quise oír.
Hice de todo por impresionarla
y dejé huérfano todo su penar.
No me gustó como nos despedimos.
Daban sus labios rocío y no bebí..
(Já, que irónico los nombres que llegan a mi cabeza con esta canción.)
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